Ir en bici con el pezote: el B2 práctico de la integración alemana

octubre 22, 2018 , In: Nuriadas , With: 4 Comments
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En esto de la integración a un nuevo país deberían dar diplomas o algo así cada vez que pasas de nivel. No estaría de más que tuviéramos que pasar algún que otro examen para ver cómo llevamos la cultura alemana y sus costumbres, como ir en bici. Sé que eso existe ya (yo también hice el Integrationskurs y os lo conté aquí) pero me refiero a un examen práctico, no teórico. Por lo menos así se asegurarían que peligros andantes como la que escribe estas líneas, no anduvieran (válgame la redundancia) tan felices por ahí creyéndose lo que no son.

Con esta introducción lo que vengo a decirles es que ya tengo el B2 de la universidad de la vida “alemana”. ¡Voy con Mateo en la bici!

Si ya ir con la bici como medio de transporte es integrarse con el A.2.2.2, comprar la sillita, colocarla y atreverse a salir con el pezote a cuestas es de B2 por lo menos. Y ahí estoy yo, pedaleando sin parar…

Peeeero, ¡cómo no iba a haber un pero!, la alegría y el alboroto del haber superado una prueba se vio interrumpido drásticamente con la aparición de una nueva Nuriada en mi vida.

Hace un par de semanas que invitaron al pezote a un cumpleaños, y como hacía un tiempo espectacular a la par que totalmente extraño para las fechas en Hamburgo, su mamá decidió ir en bicicleta porque “total, google maps pone que son 20 min”. Pensaba que iba a ser un recorrido precioso, cruzando el Alster, con el sol en la piel y sonriendo todo el rato. Vamos, una estampa idílica.

Ir en bici con el pezote

Mi visión flipada

Y efectivamente así empezó todo. Bueno, con la salvedad de que Mateo al principio no se quería poner ni el abrigo, ni las zapatillas, ni el casco. Pero como eso es el pan de cada día, no lo asumo como algo excepcional. Lo bueno es que le encanta ir en bici, y en cuanto empezamos nuestro “paseo” se puso tan contento que empezó a cantar.

El caso es que nunca había ido tan lejos de casa y la verdad no me conocía el camino. Pero Hamburgo es super segura, y super clara y seguro que no iba a tener ningún problema…¿qué no? No había caído en el hobby preferido de los hamburgueses, que son la obras. Hamburgo está lleno de obras y claro, tarde o temprano me tenía que encontrar con una. Y ahí estaba yo, sudando ya un rato porque no estoy muy acostumbrada a la bici todavía, delante de la super obra en Damntor con el google maps diciéndome un camino que era OBVIO que no podía seguir. Empecé a ponerme nerviosa, pero vi un camino alternativo. Ya me había pasado de hora y me empezaban a llegar mensajes de mis amigas preguntando dónde estaba, por lo que empecé a sudar más y sobre todo a cagarme en mis muelas por haber decidido ir en bici. Con lo fácil que es el metro, coñe. Ya había cruzado el Alster con éxito y según google maps estaba en el camino correcto, pero yo sentía que no paraba de dar vueltas y vueltas en círculo, así que hice lo que cualquier persona adulta haría. Paré la bici y me puse a llorar. La cara de mi hijo era un poema, porque él se lo estaba pasando teta.

Ir en bici con el pezote

Qué buen ejemplo de superación para mi hijo

Hasta que mi salvadora Laura me llamó y me dijo que me iba a buscar. Nos dimos cuenta de que la dirección era un poco complicada y me envió otra ubicación que pude seguir sin problemas. El pezote llegó a la piñata, aunque como siempre pasó de ella, y a la hora de haber llegado nos tuvimos que volver. Pero esta vez en metro, eso sí.

Hasta aquí la versión “oficial” de nuestra aventura, lo que ya conté a mis amigas después de llegar una hora y media tarde. Peeeero falta un pequeño “incidente”. Cuando paré porque ya no me ubicaba y no podía más, llegó un momento que Mateo se empezó a mover en la silla (ya se quería bajar el pobre) y perdí el equilibrio de la bici, que se fue cayendo al suelo poco a poco, como en cámara lenta, con mi hijo incluído, que me miraba a la vez que miraba al suelo que se le aproximaba y ponía su manecica para parar el golpe. Y aunque todavía no habla, pude leer perfectamente su mirada de “¿en serio mamá? ¿me estoy cayendo al suelo totalmente parados en una acera gigante donde estamos solos y no hay ningún peligro? ¿estamos locos?”. No me va a dar el sueldo para pagar la terapia que necesitará en el futuro…

Ir en bici con el pezote

Quieta pará que no has aprobao!

 

C’est la vie.

 

¡Hasta la semana que viene!

    • Ivonne
    • octubre 22, 2018
    Responder

    Ay no, que aventura!! Y Mateo llegó hasta el piso o lo alcanzase a detener? Lo bueno que traía su casco!! Cuando pase algo así mejor deja la bici estacionada en algún lado y sigue con el metro!

    • Liza
    • octubre 22, 2018
    Responder

    Debí recordarte el camino. Lo siento tanto! 😐

    • Mónica Orjeda
    • octubre 22, 2018
    Responder

    bienvenida al club de ciclistas temerarias….yo con Pau de 4 anos, se me ocurrió ir en bici al Kinder el día que había nevado…el problema no era la nieve, sino el hielo que se esconde debajo y ya no te cuento la patinada que nos mandamos y reconozco ese camara lenta de la que hablas….y el piso aproximándose a la cara de tu bebe….terrible….!!!!

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